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El iberismo de hoy
Como el retorno de las libertades yuguladas por la monarquía autoritaria y la consolidación de una suerte de arcadia feliz sustentada por la democracia más auténtica: así defendieron el ideario iberista republicanos españoles como Fernando Garrido, Pi i Margall y Salmerón, literatos como Unamuno y políticos como el catalanista Maciá, galleguistas como Vicente Risco y marxistas no estalinistas como Maurín.
Hasta Saramago se descolgó, no hace mucho, con el utópico vaticinio de que Portugal y España terminarán unidas en una sola nación. Por lógica aplastante y por mandato del Estatuto, el Gobierno autonómico lleva más de un año potenciando la cooperación con Portugal, lo mismo que con otras comunidades españolas.
Hace tiempo degusté con entusiasmo aquel libro de Garrido que en 1881 abogaba por 'Los Estados Unidos de Iberia' desde una posición unitaria, federalista y republicana. De aquellos ímpetus demócratas nos queda a algunos el sueño de un imposible y a otros, el pragmatismo de lo factible. Sobre todo en estos tiempos de agonía económica y dramas familiares. Bienvenida sea la cooperación transfronteriza cuando se trata de abolir barreras y hacer la vida más fácil a los ciudadanos. A ello dice obedecer el Foro Coopera, que, según palabras de la Junta, aspira a facilitar la creación de empleo mediante el impulso de proyectos concretos. El objetivo es tan saludable y necesario que nos obligar a mirar con lupa sus resultados.
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