Artículo de opinión en
La Nueva España:
http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp ... n-Portugal
Portugal
El país ha experimentado un cambio enorme en sus carreteras y autovías
TONI SILVA Bien hallados. Vuelvo a casa después de unos pocos días fuera y como en este tiempo no me enteré de casi nada (bueno, al llegar supe lo de Peridis), les hablaré de mi estancia en Portugal, unas vacaciones algo más cortas de lo habitual por culpa de la crisis. Ya les comenté antes de marchar que la temporada había sido mala, así que no cabía otro tipo de viaje más ambicioso. Meses atrás soñaba con ir al norte de Italia, pero según iban pasando los días iba rebajando las pretensiones. Ya sé que existen los vuelos de bajo coste, que incluyen Milán, pero la paradoja es que estos vuelos baratos siempre son a destinos caros, demasiado caros para pasar dos o tres semanas con un mínimo de dignidad. No me gustaría acabar saliendo en el periódico como aquellos que hicieron piruetas para comer cuatro con dos menús y otras cutreces por el estilo.
Menos mal que nos queda Portugal. Parece mentira que, estando tan cerca, sea tan diferente. Y tan agradable, aunque algunas personas (sobre todo las que no han estado allí) tengan una idea de país deprimido o algo así. A los que nos gustan los pueblos limpios, los precios razonables, la cortesía natural y las gentes que no hablan a voces -como tan a menudo sucede en España, donde se habla gritando- nos encanta Portugal.
Ya había estado más veces, pero ahora he notado un cambio enorme en las infraestructuras, sobre todo en las carreteras y autovías, muy mejoradas gracias a los dineros de la Unión Europea y también al espíritu laborioso de los portugueses, que se nota mucho en la actividad de la pequeña industria, en la profusión de nuevos negocios, en la construcción (se ve todo nuevo y muy cuidado) y en el movimiento de vehículos de todas clases por todos los lugares por los que estuve. Lejos queda ya aquella imagen, no tan lejana, de un Portugal de carreteras adoquinadas, señales de cemento y pueblos dormidos. Ahora todo se ve nuevo, «europeo» y metido de lleno en la sociedad de consumo, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Ahora es más difícil ver aquel Portugal pintoresco, tradicional y antiguo que se te presentaba constantemente en cualquier rincón y en cualquier pueblo, pues la generación actual en nada se distingue a la de cualquier otro lugar de este Occidente globalizado y soso. En Nazaré, por ejemplo, las únicas mujeres que llevan la «minifalda» de colores característica de ese bello pueblo marinero son las viejas, que siguen luciendo pierna orgullosamente, pero las jóvenes no quieren saber nada del atuendo tradicional y van como las de Cangas de Onís, por poner un ejemplo. Ah, y no esperen ver las típicas barcas de pesca sobre la arena de la playa, pues les han hecho un puerto nuevo.
Me impresionó, nada más entrar en el país, la diferencia entre ambas márgenes del río Duero, de geografía montañosa. La parte española, con la excepción de Fermoselle, se muestra yerma y apenas sin explotar. La parte portuguesa, sin embargo, se ve cultivada hasta el último centímetro posible en lo alto de las peñas, por donde trepan los viñedos y los olivos. Así pueden presumir los portugueses de tener unos vinos fabulosos, y no sólo de Oporto, y unos aceites de primerísima calidad. Una de las cosas que más hemos disfrutado en las vacaciones, por cierto, han sido el aceite y el vino (ambos «de la casa») en muchos de los establecimientos en los que hemos comido, unos productos siempre de gran calidad, precio
moderado y sin darse importancia. Todo un ejemplo -y metáfora- de las cualidades del pueblo portugués, del que tenemos tanto que aprender.
Ojeé al llegar los periódicos atrasados y vi lo que receta Peridis (al que estimo por sus tiras dibujadas y sus programas en TVE sobre el Románico español) para Llanes y comarca. Me quedé de piedra al leer que propone campos de golf -y un aeródromo- para dar un uso a los montes y «dinamizar» el territorio. ¿Tan abandonados habrá visto nuestros montes que no se le ha ocurrido otra cosa? No digo que plantemos viñas y olivos, pues todo requiere su clima, pero un monocultivo de golf no me seduce. ¿Qué tal unos castaños, por ejemplo? Ya se les había ocurrido a los romanos, creo.